Nos hallamos en pleno Mundial de fútbol. Desde la bajada de precio de las pantallas planas que caben en cualquier rincón, ya no queda bar ni café en el que estemos a salvo de la dichosa pelota y sus ruidosas consecuencias. Aprovecho la frustración para hablarles un poco de este deporte en mi clave habitual.
Se ha dicho a menudo que el fútbol actúa como válvula de escape para canalizar la agresividad contenida. También que viene a ser un sucedáneo de la guerra en el que podemos combatir simbólicamente en nombre de unos sentimientos nacionalistas más o menos soterrados o, como en el caso de Alemania, políticamente incorrectos desde 1945. Visto así, en estos momentos nos hallaríamos en plena guerra mundial, aunque sólo sea a un nivel simbólico.

Desde luego, un paseo por las calles de la ciudad a la hora del fútbol se parece sospechosamente a un estado de excepción. Ya sólo falta escuchar las sirenas y oír caer las bombas (que afortunadamente resultan ser sólo cohetes y petardos).
Me dirán que exagero y seguro que tienen razón. Pero ¿sabían que antes de la guerra los clubes de fútbol no sólo tenían las vinculaciones nacionalistas de siempre, sino a veces también étnicas? El Arsenal era el club de los irlandeses, del mismo modo que el Tottenham Hotspur de Londres, que se autodenomina the Yid Army, se vincula al judaísmo.
Me dirán que exagero y seguro que tienen razón. Pero ¿sabían que antes de la guerra los clubes de fútbol no sólo tenían las vinculaciones nacionalistas de siempre, sino a veces también étnicas? El Arsenal era el club de los irlandeses, del mismo modo que el Tottenham Hotspur de Londres, que se autodenomina the Yid Army, se vincula al judaísmo.
Pero aún más interesante en este sentido es el Ajax de Amsterdam. Aunque oficialmente no lo sea, hace décadas que el Ajax es considerado un club judío tanto por sus defensores como por sus detractores. Muchos fans del club llevan tatuada una estrella de David o agitan en el campo una bandera de Israel, aunque sean gentiles y hayan nacido en Holanda.


Esta inesperada vinculación se debe en parte a que el estadio del Ajax se hallaba antes de la guerra en la proximidad de un gran barrio judío. Además, el Ajax tuvo en el trascurso de su historia a varios jugadores judíos, algunos incluso supervivientes del Holocausto, como Jaap van Praag, lo que les valió la afición de muchos judíos europeos después de la guerra.
En el ambiente notoriamente agresivo de la afición futbolística holandesa, se pueden imaginar ahora qué clase de pulsiones se despiertan en el campo cuando el Ajax juega contra sus rivales. La frase "¡Hamás, Hamás, judíos al gas!" resuena con tanto entusiasmo en las gradas como el zumbido "zzzssshhhhh" que pretende imitar el infausto sonido del gas saliendo de las cabezas de ducha de las cámaras de exterminio. Un auténtico problema para la Federación y la presidencia del club, que hace tiempo que están intentando despojar al Ajax de su espuria y simbólica identidad judía a fin de evitar estos embarazosos exabruptos antisemitas.
Pero no piensen que eso convierte a los aficionados del Ajax en corderitos: Cuando juegan contra el Feyenoord de Rotterdam, no tienen reparos en celebrar el atroz bombardeo nazi de esta ciudad cantando "¡Bombas sobre Rotterdam!".

Por si no lo hubieran adivinado ya, no soy aficionada al fútbol.
En el ambiente notoriamente agresivo de la afición futbolística holandesa, se pueden imaginar ahora qué clase de pulsiones se despiertan en el campo cuando el Ajax juega contra sus rivales. La frase "¡Hamás, Hamás, judíos al gas!" resuena con tanto entusiasmo en las gradas como el zumbido "zzzssshhhhh" que pretende imitar el infausto sonido del gas saliendo de las cabezas de ducha de las cámaras de exterminio. Un auténtico problema para la Federación y la presidencia del club, que hace tiempo que están intentando despojar al Ajax de su espuria y simbólica identidad judía a fin de evitar estos embarazosos exabruptos antisemitas.
Pero no piensen que eso convierte a los aficionados del Ajax en corderitos: Cuando juegan contra el Feyenoord de Rotterdam, no tienen reparos en celebrar el atroz bombardeo nazi de esta ciudad cantando "¡Bombas sobre Rotterdam!".

Por si no lo hubieran adivinado ya, no soy aficionada al fútbol.

